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Archivo para la etiqueta “Rosa Díaz”

Diferencia

La diferencia fundamental entre Rosa Díaz y Albert Rivera es que cuando ambos comienzan a soltar el discurso-tipo en plan taberna de Munich años veinte a la primera (que estuvo la tira de años en el PSOE) se le escapa un poco la risa, mientras que al segundo se le ve como si se lo creyera del todo (Aznar acuñó la expresión “sin complejos” para definir el fenómeno).

Humoristas

Parece ser que la primera reacción de Rosa Díaz al ser informada del nuevo paso adelante en el desafío catalán que sobrecoge este país desde hace algún tiempo fué un comentario sobre lo que les gustaba a algunos hacer el ridículo. Termina la era de la políticos. Paso libre a los humoristas.

Censura

En la web de un periódico supuestamente de izquierdas, desaparecido no hace mucho en su versión papel y que apenas sobrevive en modo online, me acaban de censurar un comentario a una noticia titulada UPyD exige tipificar como delito el negacionismo de los crímenes del franquismo o ETA. El comentario era breve y decía, más o menos, lo siguiente: “Con esa propuesta, ¿se convertiría en delito escribir en este diario que el “vuelo” de Carrero fue para España la mejor noticia de las navidades del 73? ¿O estamos a expensas de las siempre convenientes matizaciones?
Evidentemente, la UPyD y Rosa Díaz (a la que ya se que aún le debo una entrada en este blog) son muy dueñas de promover leyes contra el negacionismo de las maldades de Franco. Y contra las de ETA también, faltaría más. Pero donde se ve el populismo barato que preña a esa formación desde el mismo momento de su concepción es en la unión de ambas propuestas en la misma ley, algo que suena como a querer pescar en varios océanos con un único barco, no sé si me explico. Porque, cuando se les ocurra promover una ley contra el negacionismo de los asesinatos de los bebés-foca, por poner un ejemplo que también tendría muy buena acogida, ¿qué hacemos con ella, la añadimos como anexo a esta ocurrencia de ahora?

Resistentes

Fenando Savater -el autor del adorado La infancia recuperada de mi juventud y de la carta al director publicada hace unos días en El País– lleva unos años, además de pesadito, un poco crecido. Sobre todo por la insistencia en que durante todos estos años de resistencia a ETA solo unos pocos de los resistentes han obrado de la manera correcta, convirtiendo casi automáticamente a todos los demás en poco menos que colaboradores necesarios, cuando no -por recuperar la maravillosa expresión con la que mi padre solía premiarme por la misma época en que leía la obra cumbre del filósofo donostiarra- en tontos útiles. Por supuesto, los resistentes correctos son los que representan algunas figuras de todos conocidas entre las que sobresale con luz cegadora la del propio Savater.
Excepto en el deseo de que ETA no vuelva jamás a matar, no se me ocurre la más mínima posibilidad de encontrar algo en común entre la hermana de Miguel Ángel Blanco -a sueldo del Partido Popular prácticamente desde el día del asesinato y una de las principales voceras de las tesis del mismo desde entonces- y, por ejemplo, las hijas de Ernst Lluch, de quienes desconozco si mantienen alguna actividad remunerada relacionada con la muerte de su padre. Y no dudo ni en lo más mínimo que habrá millones de españoles que se alinean con la figura de la chica Blanco. Pero estoy igual de convencido de que habrá otros muchos millones más cercanos a la posición de las chicas Lluch, reconociendo, eso sí, que a estas últimas se las oye muchísimo menos. ¿Por qué? Imagino que porque nadie ha pretendido hacer bandera política de sus posiciones a la búsqueda del deseado rédito electoral, algo que en los populares es tan evidente que se diría incrustado en su material genético. Y que es lo que sigue haciendo -ahora en un nada indisimulado apoyo a la figura de Rosa Díaz, la mujer que casi fue Zapatero-, a estas alturas, una respetadísima figura intelectual a la que ya sólo le falta añadir a su currículum el entorchado de colaborador en como se llame ahora El gato al agua, y eso si es que no lo ha hecho ya.

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