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El error del 12O

catespSi la unidad de España depende del cerebro de los convocantes de la manifestación del día no apostaría un duro por ella.

En lo que respecta a las manifestaciones independentistas catalanas, hasta la fecha los sospechosos habituales (Jiménez Losantos, Pedro J. Ramirez, el director de La Razón a través del guasá, Ussia, la TDT y otros muchos fáciles de imaginar) se han agarrado a la idea de que lo único que demuestran dos millones de independentistas gritando sus reivindicaciones en las calles es que hay cinco millones de residentes en Cataluña que se sienten más españoles que el anís del Mono, que ya es sentirse español. No merece la pena perder el tiempo rebatiendo tan peregrino argumento: baste con considerar que según esa extraña teoria España habría sido un país comunista los cuarenta años posteriores a la guerra civil porque es evidente que más de 30 millones de españoles jamás fueron a ninguna manifestación en la Plaza de Oriente con el objetivo de jalear al enano uniformado con voz de pájaro pito.

El error surge al organizar una manifestación como la de hoy en la que hasta el eslogan de la convocatoria parece diseñado adrede para crear confusión. Porque ¿qué se reclama con la frase “Som Catalunya, somos España”? ¿Se pretende, quizás, dotar a Cataluña de una especie de forma jurídica desconocida hasta la fecha y convertirla en un extraño estado con doble nacionalidad en el que los ciudadanos disfruten de dos pasaportes que puedan utilizar a su gusto según la frontera por la que salgan?

Poque una vez convocada, ya no hay vuelta atrás. Desde mañana, y por mucho que la guerra de cifras que empezará dentro de un rato nos haga partirnos de risa, el mito de los cinco millones de españolistas se acabó. Y ¿ahora…?

Nadie duda que en Cataluña residen multitudes inmensas de personas que se sienten españolas y catalanas más o menos por igual. Lo que interesa es saber qué harán si un día tienen que elegir una papeleta con la que se decida en cuál de las dos cosas se convierten para el resto de su vida. La mayoría, muy probablemente, ni lo sabe ahora mismo. Pero para eso sirve un referéndum: para saberlo. Todo lo demás, manifestaciones, encuestas, proclamas, amenazas, no son mas que trucos baratos para salir un rato en el telediario.

Espe y Josema

Pueden parecer, a primera vista, los nombres de la pareja protagonista de la última agresión al buen gusto perpetrada por la factoría de José Luis Moreno, una de esas comedias de brocha más que gruesa en las que los maridos llaman gordas a sus mujeres y éstas les recuerdan el ridículo calibre de sus atributos. Pero en realidad me refiero a Esperanza Aguirre, la ManiPulite del PP madrileño, y a José María Aznar, el Figurante de las Azores. En estos días en los que los diferentes medios de comunicación pierden cada mañana la batalla contra El Mundo en su afán de publicar más y más nombres de personajes retratados en las diferentes versiones (fotocopias y originales, borrador o a limpio, lápiz y tinta, en blanco y negro o a todo color) de los papeles de Bárcenas, sumo sacerdote de la doctrina “el que parte y reparte se queda con la mejor parte”, sorprende especialmente que en esas listas, en sus muy diferentes versiones, destaquen siempre dos ausencias clamorosas: las de los protagonistas de esta entrada.

Podría pensarse que, conocidas las trayectorias de los citados, su acrisolada rectitud y su honradez a prueba de toda duda, no hay ningún motivo para sospechar algo extraño. Pero en realidad hablamos de la política que, colocada ante la tesitura de ver finalizar su carrera cuando apenas comenzaba, no dudó en comprar -las cursivas se explican porque nadie investigó nunca los hechos, aunque tampoco nadie tiene la más mínima duda de lo que sucedió- a dos diputados rivales en el más bochornoso suceso producido en este país desde la época del estraperlo. Y del líder máximo, el Elegido por Fraga, a quien no le tembló el pulso a la hora de meternos en una guerra en la que nada se nos había perdido y a la que se oponía la población española en una proporción de noventa y siete a tres, a cambio de un modesto asiento -o dos- en el Consejo de Administración de una -o dos- de las innumerables empresas del líder mundial de la comunicación libre e independiente, de nombre Rupert Murdoch, Señor de la Fox.

Así que habrá que esperar a futuras epístolas dominicales de Pedro (J) a los españoles, cristianos o no, a ver si poco a poco vamos aclarando el misterio…

Sri Lanka

No puede ser casualidad. Que más o menos a la misma hora en que Bárcenas visita al juez Ruz, se pone una corbata prestada por su abogado -los detalles humanos son los que encandilan a las masas, bien que lo sabían los padres del folletín- y efectúa el definitivo (mientras Pedro J. no decida lo contrario) tirón de la manta que hundirá a Rajoy para dar paso a Esperanza Aguirre hacia las más altas cumbres de la nación, justo en ese mismo momento, un juez sevillano decida que ha llegado el momento de encontrar el cadáver, ¡por fin!, de Marta del Castillo. Y ahí tenemos a toda la televisión matinal en pleno tirando de teleobjetivo para enseñarnos al padre de la niña apartando unas ramas para que pase lo que parece un triciclo oxidado con una especie de portátil encima atado con una cuerda, mientras la Ana Rosa de guardia este caluroso lunes de julio nos explica emocionada que la cosa se llama geoescaner o algo todavía peor.
Metidos ya en esta dinámica no creo que nadie se extrañe si dentro de unas semanas, cuando el único periodista de España que ha conseguido comprarse un chalet con playa privada en Mallorca decida que ha llegado la hora de que Bárcenas protagonice el siguiente episodio de su culebrón particular, el programa matinal de Antena 3, el de las marujas, nos salte a la cara con la exclusiva mundial de que Antonio Anglés podría haber sido visto -vivo, claro- en… ¿en Sri Lanka? ¿por qué no? ¡…en Sri Lanka!.

Rajoy001

Una cita

“Yo le contesté [a Bárcenas] que en cualquier circunstancia lo último que le conviene a cualquier democracia es estar asentada sobre la mentira.”

Pedro J. Ramírez (de verdad)

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