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Archivo para la etiqueta “Fernández Díaz”

Polvorado


Aunque lo parece no es un western: era “Silverado” en realidad. Recomiendo vivamente la escucha de esta canción del último disco de Nacho Vegas: el Dylan asturiano (aunque otros prefieren citar a Leonard Cohen), eternamente cabreado y casi siempre con motivo. Y lo digo para que lo hagan antes de que la escuche el calvo ‘enfadao’ ese que responde por Jorge Fernández Díaz y advierta que en ella no se trata con el debido cariño a la patronal minera asturiana, no queda claro si la actual o la decimonónica. Y es que tiene gracia (maldita gracia, en realidad) que el mismo ‘menistro’ de Interior (el de la mano en el bolsillo del crucifijo, la que da alegría a su vida reglada y de continua oración, no sé si me explico), el mismo que pretende prohibir las diversas apologías a lo que él considera terrorismos, y esto incluye desde la ETA que ya no existe hasta las madres deseosas de quitarse de encima embarazos no deseados, sea el mismo que se pasó ocho años presidiendo manifestaciones -muchas veces acompañado por deliciosas monjitas educadoras y con sus riquísimas alumnas de seis añitos cogiditas de la mano, de la mano de las monjas, no sean mal pensados- gritando desaforadamente (el ahora ‘menistro’ y las delicadas monjitas, todos a una) el inmortal pareado “Zapatero con su abuelo”, apología del golpe de estado, el asesinato sin juicio previo y el abandono de cadáver en cuneta sin localizar, por citar solo tres crímenes sin nombre. Seguro que después de desfogarse entre las crías, se marcaba un rosario. El tío.

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Elogio de la Guardia Civil

Decía un profesor de mi juventud, quizás el Victoriano Fernández Asís de voz poderosa que entrevistaba a Franco una noche sí y otra también en la tele en blanco y negro de mi infancia, que un buen título es la mitad del éxito de un artículo. Aunque tuviera trampa: el título. El de hoy tiene trampa, mejor confesarlo cuanto antes. El destinatario del elogio es lo citado, la Guardia Civil, ese cuerpo racial y un poco torero tocado con ridículo tricornio y creado en el siglo dieciocho por el Duque de… etcétera, etcétera, etcétera. Pero el elogio no se dirige al verdoso cuerpo armado en su totalidad.
Porque verán… hay, ¿cómo lo diría?, varias guardias civiles… A bote pronto, se me ocurren dos: una, la que recoge, jugándose la vida, subsaharianos a punto de ahogarse en aguas del estrecho y los envuelve en mantas, casi amorosamente, hasta depositarlos en manos de la Cruz Roja y sus galletas y Colacao calentito; la otra, la que dispara pelotas de goma a negritos indefensos y que probablemente ni siquiera sepan nadar, a escasos metros de la playa de Ceuta causándoles la muerte y que, además, según alguna información radiofónica que acabo de escuchar, les dedica a los supervivientes un par de profundamente españoles cortes de manga (esto último lo pondremos momentáneamente en suspenso hasta que aparezca el clásico video de aficionado).
Ambas guardias civiles parecen estar formadas por seres humanos. Y como no creo que haya test psicológicos lo suficientemente fiables para distinguir a primera vista una persona decente de un grandísimo hijo de puta, cabe deducir que las notables diferencias entre uno y otro comportamiento podrían deberse al tipo de tarado designado para transmitirles a estos últimos sus ordenes.
A éste, que seguro que tiene nombre, apellido, cargo en el partido que es fácil imaginar y sueldo a costa de los contribuyentes, tendríamos que tenerle ya claramente identificado. Aunque corramos con ello el peligro de hacerle popular entre los buenos ciudadanos que responden en sitios web como Libertad Digital a quienes comentan lo inaceptable que les parece lo sucedido en Ceuta que, si tanto quieren a los emigrantes ilegales, mejor “acojan en su casa a un terrorista islámico”.

Lamento

¿Y para esto dejé que me crucificaran…?

(Jesucristo, de gira por España dos mil años después de su supuesta muerte, al descubrir que sus máximos representantes por estas tierras son Monseñor Rouco y el Ministro del Interior)

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