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Archivo para la etiqueta “corrupción”

Tercera República

La mejor prueba de que España es ya una república es que Urdangarín va camino de la cárcel y Alejandro Agag camino de una fiestuqui en casa de Amaya Salamanca.

el anónimo

Algunas pistas para tratar de descubrir al anónimo responsable de la denuncia que puede tener como resultado que se acelere en un par de años el final de la andadura del que todos -excepto los sospechosos habituales- parecen considerar el mejor equipo de fútbol de la historia.:
– es alguien bastante bajito
– feo como un dolor de escroto
– asquerosamente rico hasta que un juez con un par no diga lo contrario
– sigue convencido de que antes o después terminará siendo el Berlusconi español
– el único político de nuestro país que abandonó la politica reconociendo que por ese camino tardaría mucho más de lo que podía esperar en hacerse multimillonario
– no entiende por qué no le han ofrecido ser padrino del niño Casillas-Carbonero
(podrían añadirse muchas más pero probablemente no sea necesario)

¡Floriano, manifiéstate!

Mientras la policía de Ruz parece dejar caer que podría pasar la nochebuena en la calle Génova, un país absorto espera con el corazón en un puño que de un momento a otro el gran Floriano se ponga delante de una cámara y nos explique que por qué no puede pagar en negro un par de facturas el partido del gobierno de un país en el que no hay ni un solo fontanero que haya declarado el IVA en su puta vida. Se masca la tensión…

Campaña

Para campaña, la de los amigos de Florentino Pérez contra los españoles.

Listos

Les han sacado con cara de listos. Sera la que se les ha quedado al enterarse de que en España te caen dos meses menos de cárcel por robar 100 millones de euros que por comprar pañales con una tarjeta encontrada en la calle por valor de doscientos (euros, no millones).

Lógica

La lógica de la huelga de basuras que ha convertido Madrid en una copia a escala del vertedero ese de las afueras de Lima que tan a menudo sale en televisión para ilustrar el infierno que puede ser este planeta es tan transparente que resulta imposible que todavía quede alguien que no la entienda. Recuérdese, ante todo, que la limpieza urbana era el campo de acción favorito de Tony Soprano. Y una vez recordado, es absolutamente inimaginable que haya un Soprano español tan imbécil como para pagar mil euros al mes por un trabajo que cinco millones de personas están dispuestas a hacer por quinientos. Que este Tony local y Ana Botella llegaran a encontrarse era solo cuestión de tiempo…

El botín

Lo ha dicho el banquero Botín, ese ser superior que parece tener por apellido toda una declaración de intenciones: a España le va como nunca y le entra el dinero “por todas partes”. Como a las actrices hiperdepiladas del vídeo porno, me imagino.
El país entero -los que hacen cola ante los comedores de caridad y también los que aún no- se tira de los pelos ante el estupor que tan obscena declaración les produce. No caen en la cuenta de que el patrón de Fernando Alonso habla de una España distinta, para ellos desconocida, muy diferente en todo caso a la que sufre los recortes de Rajoy y en la que sobreviven cerca de cincuenta millones de seres profundamente aterrorizados por el porvenir. En la suya, en la de Botín, habitan unos pocos miles de espabilados que supieron subirse al carro en el momento oportuno y están dispuestos a todo -y aterra pensar lo que quiere decir “todo”- con tal de no bajarse de él nunca mas.
Está claro que ese dinero que llega de todas partes lo hace en billetes de quinientos euros. ¿Qué le importa a quienes -como los españoles de a pie pueden asegurar- no han visto en su vida siquiera uno de cien?
En realidad la declaración del capo del Santander es, si se piensa bien, absolutamente fundada. Lo que sucede es que sólo resulta comprensible para aquellos que, cada día, se llevan el botín a casa.

Lamento

¿Y para esto me he muerto…?

(Jesús Gil, tras conocer la sentencia del caso Malaya)

Cuenta

Hagamos cuentas: si por un saqueo de mas de seiscientos millones te condenan a once años de cárcel de los que cumplirás cuatro que -además- puede que ya hayas cumplido, por los cuarenta de Bárcenas le salen… ¿pero qué hace ese pobre hombre en la cárcel?

La gota malaya

En contra del desánimo y/o desesperación que se extiende por doquier desde hace más o menos media hora, yo veo la sentencia del caso Malaya (para resumir: el robo a mansalva sigue saliendo gratis en el país al que casi le dan otra Olimpiada) como la última posibilidad de que una sociedad abocada a la catástrofe más absoluta haga un esfuerzo desesperado por salvarse, si es que de verdad eso es todavía posible. Ahora que ya hemos comprobado con meridiana claridad algo que en realidad sospechábamos desde hace muchísimo tiempo, que la Justicia -esta justicia que heredamos intocada e intocable del franquismo en la algarabía de nuestra patética transición- tampoco nos va a salvar, ahora, digo, es el momento de que reaccionemos y echemos mano de la última arma que tenemos a nuestro alcance.
Hay que votar ya, sin falta ni excusa alguna. Hay que votar con una rabia tal que arrastre cual tsunami la mierda que nos ahoga. Si no se sabe a quién votar (y es lógico que esto suceda) hay que hacerlo para, al menos, conseguir que no gane quién nunca votaríamos ni aunque nos fuera la vida en ello. Y todavía más importante: además de votar hay que convencer a los responsables de lo que nos pasa de que estamos dispuestos a hacerlo, de que ya no podrán apovecharse de los millones de ciudadanos que han dejado que les convenzan (cuantas horas al día se dedican a tertulias cuyo único objetivo es crear desesperación) de que todos los políticos son lo mismo, de que todos los partidos son iguales.
Puede que los que “no son iguales” ni siquiera tengan un partido en el que se sientan representados. Puede que estén en sus casas, sin nada que hacer, o en la cola del paro, o intentando estudiar alemán por fascículos para atisbar un futuro al que agarrarse para seguir levantándose por las mañanas. ¿A qué esperan para montarlo, el partido, la asociación, el movimiento, ahora que nunca ha sido más fácil reunir a gentes diversas y que no se conocen entre sí detrás de una idea sencilla capaz de expresarse en menos de 150 caracteres, o son 140?
El año que viene vuelven las elecciones. Aunque en días como hoy pueda olvidarse, éste es todavía un país vagamente democrático. Se necesita un terremoto y, como la empresa de Tarragona que juega a transformar la corteza terrestre, tenemos cómo producirlo. ¡Ojala esta sentencia del caso Malaya sea la gota que colme el vaso de nuestra inmovilidad…!
Porque para sacar adelante la otra posibilidad de salvación que todavía podría atisbarse, desengañémonos (y es triste reconocerlo): nos quedan aún armas, es cierto, pero de las de pólvora y gatillo… de esas no tenemos.

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