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Archivo para la etiqueta “Bildu”

Cadena de (ordeno y) mando

Imagino que cuando el juez Ruz puso ayer por escrito que la manifestación que debía celebrarse hoy en el País Vasco era legal lo haría en cumplimiento de las obligaciones que supone su cargo. E imagino también que cuando un rato después otro magistrado le corrigió decidiendo justamente lo contrario también lo haría dentro de la más estricta legalidad. En este supuesto se deduce que en la estructura judicial de este país existe eso que mi padre, militar por alzamiento (a la tierna edad de 16 añitos), llamaba el “ordeno y mando”, que también podría denominarse estructura jerárquica. La pregunta es evidente: si el juez Ruz hubiera declarado ilegal la manifestación, ¿habría intervenido el superior? Parece evidente que no y esto lleva a una conclusión cuando menos tenebrosa, por ser suaves. Es este país los asuntos son juzgados por los jueces a los que les corresponde “naturalmente” y pasan a otro juez en el momento en que este decide algo distinto a lo que hay que decidir. Desde luego, el segundo interviniente seguro que ha sido elegido por el poder político de turno con lo que, en la práctica, al menos en España lo que se conoce como Justicia (con mayúscula) no es más que una mayúscula tomadura de pelo en la que siempre gana el Gobierno (y cuando no siempre, queda el indulto). ¿Quedan aún dudas de que cada vez parece más difícil de creer que esto que nos pasa a lo peor ya no se arregla votando?

Nota: muy bueno el contraataque combinado PNV-Bildu exigiendo a la justicia española que los declare organizaciones terroristas hoy mismo. Se espera con ansiedad lo que hará de aquí a las seis de la tarde el pobre PSE, que debe andar ya medio ciego de tomarse aspirinas contra la jaqueca. Sobre el PP no hay dudas: siguen partiéndose de risa con el chollo que le proporciona ETA cada día que pasa sin disolverse definitivamente (aunque nadie dude de que en cuanto lo hagan encontrarán otra excusa para seguir agarrados a la teta del voto extremeño-murciano y así).

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ETA-Bildu y PP: ¿Una historia de amor…?

Al PP, y a su antecesora Alianza Popular, no parece que ETA le haya preocupado especialmente desde la muerte de Franco para acá. Viene siendo así desde que comprendió que su existencia sólo podía traerle beneficios (descontando, ni hace falta decirlo, las bajas sufridas en sus propias filas) a poco que consiguiera insuflar en una parte de la población que en todos los demás partidos existía -o al menos había existido en algún momento de sus muy diversas trayectorias- un cierto tipo de connivencia, o al menos comprensión, con las ideas, los objetivos o incluso con la acción de los terroristas. Desde ese momento, que bien puede fecharse a finales de los setenta, aunque se agudizara con la llegada de Aznar a puestos de responsabilidad, primero en su partido y más tarde en el Gobierno, se entregó afanosamente a la tarea de sacarle partido al problema del Norte. Las hemerotecas de los últimos 30 años explotan de ejemplos que lo confirman: desde acusaciones explícitas esparcidas por todo el arco del sistema político -el pobre Suárez era tibio para los generales que exigían soluciones en las que, ¡en todas las ocasiones!, aparecía Manuel Fraga-, hasta los para siempre inovidables insultos -¡canallas!, recuérdese- de Ángel Acebes la mañana del 11M, dedicados a todo aquel que osara apenas insinuar que a lo mejor ETA no tenía nada que ver con lo sucedido tres horas antes, cuando a esa hora ya todas las ediciones digitales de todos los periódicos del mundo comenzaban a escibir los términos ‘Al-Qaeda’ e ‘Islamic’ en sus homepages. O si se quiere algo más reciente, este mismo año, cuando con veintitantos puntos de ventaja en las encuestas no se ahorraban ausaciones a Zapatero de connivencia con la izquierda proetarra-independentista con motivo de la sentencia del Supremo, ¿o era el Constitucional?, que permitía a Bildu, o como se llamara entonces, presentarse a las municipales. Y por último, no se puede ovidar tampoco que fue el Gal, a la postre una consecuencia colateral del terrorismo etarra,lo que le permitió a Aznar llegar al poder y poner en marcha la fabulosa Edad de Oro que nos ha tráido, como pequeño daño colateral, esta Edad de Mierda en la que casi toda España (se salvan los pocos de siempre) lleva ya tres años sumergida hasta las orejas, sin ninguna asomo de posibilidad de escape a la vista y sin que las verdaderas consecuencias que ha de traernos apenas hayan empezado a manifesatarse.

Y es que ya van muchos años viviendo, en visperas de las más variadas campañas electorales, de mensajes del tipo: “los españoles de bien pueden tener la más absoluta seguridad de que, con un gobierno de España del Partido Popular, los terroristas serán perseguidos sin descanso hasta el último confin del universo y se pudrirán en las cárceles sin que jamás puedan plantearse el menor atisbo de debilidad por nuestra parte”, demasasidos años, digo, para renunciar a ello sin más. Evidentemente el que ETA siga matando o no, no depende del PP, pero lo que sí adivinan es una especie sustituto que puede darles el mismo resultado. A falta de entrecomillados como el de más arriba bien puede servirles uno similar al que sigue: “Los españoles pueden tener la más absoluta seguridad de que, con un Gobierno de España del Partido Popular, al Ejército Nacional, cuyos Heroícos Cañones apuntan permanentemente hacia las Provincias Vascongadas, no le temblará el pulso a la hora de realizar todas las acciones necesarias para impedir la Secesión de la más mínima parte del Sagrado y Ancestral Territorio de Nuestra Patria Indivisible. Españoles, la Patria está en Peligro! ¡Todos como un solo hombre detrás del Gobierno del Partido Popular, salvaguarda de la Bimilenaria Unidad de la Nación Española! (y perdonen por el exceso de mayusuclas, pero en estas soflamas son absolutamente imprescindibles, hasta el mimsao punto de que bien puede decirse que las mayúsculas son la soflama).

Así que, a falta de ETA, nuevo espantajo a la vista: el independentismo. Y para azuzarlo ya no sirve el PNV. Después de tres decadas pactando con quien haga falta -no hay fotos, pero parece que Arzallus y Álvarez Cascos tuvieron en su momento algo parecido a una liaison– los separatistas católicos ya no asustan ni a un niño de teta. Pero Bildu es otra cosa: con sus rastas al viento, sus jovencitas con medio bigote y sus discos de LaPolla Records. Esto sí que mete miedo. Y a eso estan: dedicados a promocionarlos. Sólo con ese objetivo se entiende el mimo con el que los populares se aplican a fortalecer la etiqueta electoral del independentismo vasco. La primera vez que los prohibieron sólo sirvió para que regresaran convertidos en la primera fuerza del País Vasco. En vista del éxito vuelven a la carga: por ahora se conforman con negarles el grupo parlamentario que se ha concedido con mucho menos motivo a todo el que lo ha solicitado desde que las Cortes se rebautizaron como Congreso. Pero seguro que aquí no paran; ya amenazan con una nueva ilegalización. ¿Alguien duda de que de de esa ya regresarían con la mayoría absoluta?

Y a esto hay que unirle , además, que esta simbiosis es bidireccional. También Bildu necesita al PP para lograr sus fines porque para su clientela es mucho más fácil de vender la idea de independizarse de la España que arrasó Guernica que de la que luchó codo con codo con los valientes gudaris (la del abuelo de Zapatero, por así decir) Con todo esto, ¿a quién puede quedarle alguna duda de que estamos ante la historia de amor que va a marcar (pequeños recortes del estado de lo que queda de bienestar aparte) la nueva legislatura?

P.D.: Para terminar con Bildu y la problemática de su negado grupo parlamentario, otro día analizaremos con más detalle la abstención del PSOE , que también tiene bemoles. Adelanto una pista: no pierdan de vista a Rosa Díaz, la Cristiano Ronaldo del nuevo panorama político español, que tiene al PSOE amargadito y sin saber por donde meterle mano (al problema politico que le crea, no a la propia Rosa). Como si nadie de los que piensan en ese partido hubiera reflexionado nunca sobre la repentina desaparición del Partido Comunista francés en Marsella (y en toda Francia, ya de paso) a manos de las juveniles huestes del lepenismo.

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