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Elogio de la Le Pen

Le Pen, el padre, fue el visionario que comprendió antes que nadie que un comunista de toda la vida -de los del L’Humanité cada día en la mesa del bar de extrarradio- sufría un cataclismo interior de magnitud hasta entonces desconocida por culpa de un hecho tan simple como encontrarse (en el ascensor del edificio de viviendas de protección oficial en el que todos se conocían y votaban a Marchais como un solo hombre) a una mora, una negra, una gitana, una lo que fuera que fuera distinta, con un morito, morenito o churumbel cogidito de la mano. Un encuentro que, lejos de parecerle entrañable (otro paria de la tierra arriba en la puerta de al lado, el sueño hecho realidad) le trastocaba la vida de tal manera que era capaz de dejar de votar al comunista de turno al que habían votado las cinco generaciones anteriores de la familia para darle el voto al primer indocumentado que les prometiera que cuando él -el indocumentado- gobernara los moros se volverían a sus cashbas, los negros a sus selvas y los gitanos a sus campamentos y no volverían ¡jamás! a perturbar la tranquilidad del buen padre de familia francés. El indocumentado, claro, se llamaba Le Pen y comenzó como alcalde de Marsella -la ciudad roja de Francia, durante décadas el crisol de culturas más deslumbrante de Europa- una carrera que llevó a incluir la palabra lepenismo en el catálogo de ideologías ascendentes en su país y, por extensión, en toda Europa.

Pues resulta que la Le Pen, la hija, ha declarado hoy mismo que si en Francia se planteara una ley del aborto como la que se ahora se plantea en España ella votaría en contra. La líder de la extrema derecha francesa tildando de extremista la ley concebida (¿lo cogen?) por el que se denominó a sí mismo como la gran esperanza liberal y varondandy de un partido rancio y con olor a sudado franquista, el que iba a ser capaz de derrotar al socialismo de un González que parecía capaz de eternizarse en el poder adelantándole nada menos que por la izquierda.

Mira por dónde, al final ha tenido que venir de Francia la muy hija de… Le Pen para poner en su sitio al joven que fue progre, otro hijo de tal que tras coquetear con el fascismo puro y duro en su primera juventud se inventó una imagen de joven moderno, culto e ilustrado (recuérdese lo que le gustaba fotografiarse al lado de Paloma O’Shea, la banquera que casi fue pianista). Al final lo conseguiste, tío: has hecho de Marie Le Pen, tú solo, la nueva Melina Mercouri, otra rubia interesante, también radical aunque de signo contrario y a la que me imagino que en Grecia deben estar últimamente echando mucho de menos.

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Zorras

La gallarda -¿o habría que decir bizarra?- nueva ley contra el aborto aprobada por el PP pasa de considerar a las mujeres como seres poseedores de derechos a lo que siempre han sido en este país excepto brevísimos intervalos que todos juntos no llegan a los treinta años: unas zorras sospechosas de algo. Como el gobierno de Rajoy sospecha que, si se las dejara, sus únicas ocupaciones serían follar y, como consecuencia inmediata, abortar el fruto de lo follado, y las necesita como mano de obra barata con la que seguir enriqueciéndo a sus amiguitos del alma, lo que ha preparado el niño que fue progre es, más que una ley, una cadena de obstáculos, una yincana asesina cuyo objetivo es el regreso de las agujas de coser, de las matronas siniestras en chabolas malolientes y, lo que es peor, de los hijos no deseados, lo peor que le puede suceder a un ser humano como bien sabrán muchos de los diputados que han aprobado esta ley que avergüenza a España ante una Europa del siglo XXI por si nos faltaran motivos para avergonzarles. Flaco consuelo resultará para quien mañana se quede embarazada sin desearlo saber que quizás en dos o tres años la infame norma será un mal recuerdo, y más en un momento en el que la lectura cotidiana de los periódicos te lleva a pensar que los causantes de todo esto tienen el firme convencimiento de que, ahora sí -a diferencia de lo que prometió el inútil de caudillo al que deben 30 años perdidos por su falta de previsión-, todo está atado y bien atado.

Coti

La joven profesional de la psicología que aparece en la foto se llama Coti, de verdad. Y se la ve tan segura porque sabe que ha elegido el vestuario más apropiado para expresar toda su femineidad sin dejar atisbar un sólo detalle de su sexualidad. La foto está extraída del reportaje que emitió hace unas semanas en el telediario de mayor audiencia la nueva RTVE -la somoana, para entendernos- en el que, al parecer, se pretendía ilustrar a los padres sobre la conveniencia de vigilar lo que se ponen sus tiernas hijas con la llegada del calorcito, que es que van por ahí provocando y luego pasa lo que pasa (y ahora, con la nueva Ley del Noaborto, a ver cómo se soluciona el lío…). El reportaje puede verse -¡debe verse!- en este enlace y debe considerarse uno de los momentos estelares de esta nueva reevangelización que le tele pública viene emprendiendo, sin desmayo ni vergüenza, desde hace meses. Se adivina que la escuela “para padres” que en él se promociona tan descaradamente pronto comercializará un pack moralizador en el que, ademas de su peculiar visión de la moda juvenil, se incluyan también las obras completas de San Josemaría E. de B., una visita gratuita a la Catedral de la Almudena de Madrid (la entrada cuesta un euro, así que hay un ahorro) y, sólo para las futuras estudiantes de periodismo, un almuerzo con la tertuliana habitual de Ana Rosa Quintana, Cristina López Schlichting, quien -por cierto- debe comprarse la ropa en la misma boutique del recato que nuestra querida Coti.

Un voto

Se busca partido que denuncie el Concordato al día siguiente de ganar las próximas elecciones (estilo Irak-Zapatero). Se ofrece un voto a cambio.

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